Evangelio del Domingo

20 de octubre

(29º domingo del Tiempo Ordinario –Ciclo C–)
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse,
les propuso esta parábola:
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”.
Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos
que claman ante el día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará
justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe
en la tierra?».

COMENTARIO AL EVANGELIO

La única defensa de los pobres
En los tiempos en que Jesús pronunció su enseñanza, cuando una mujer enviudaba, si no tenía hijos que la recibieran, quedaba indefensa. ¿Cómo iba a protegerse la viuda de la parábola de un adversario más fuerte que ella? Tan sólo
le quedaba importunar al juez.
Desde la Ascensión del Señor, el alma se siente viuda. Ha perdido de vista a Cristo, su Esposo, y se siente sola frente al pecado y la muerte. Contempla cómo algunas de sus hermanas, por no hacer frente a esos enemigos, han preferido entregarse a ellos y consolarse con las miserables compensaciones
que, a cambio de la vida eterna, ofrecen el mundo, el demonio y la carne. Pero ella, el alma fiel, no quiere renunciar a su tesoro ni olvidar a su Esposo. Por eso clama día y noche ante el Juez: Hazme justicia frente a mi adversario.
Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche? Me pregunto si estás entre ellos.
Porque, si no rezas, no puedes vencer al pecado. Pero, si oras siempre, sin desfallecer, ni legiones enteras de demonios podrán arrebatarte tu tesoro. Te harán sufrir, pero no te harán pecar. Y, al final,
te salvarás.
(Rey Ballesteros, José-Fernando. Evangelio 2019: El evangelio de cada día)